Desearía hacer una semblanza auque sea aproximada de su personalidad multifacética y la de su extraordinaria obra de gobierno en el corto lapso que ejerció el mandato como Primer Gobernador Constitucional de la provincia de Santa Cruz; pero las circunstancias  personales en que me he desenvuelto con posterioridad a mi actuación  como colaborador suyo y luego en sus cercanías, me han privado de contar con elementos documentales que refuercen los conceptos  guardados solo en la memoria.

Suplan, entonces, la buena voluntad y la respetuosa evocación dictados por el afecto y la admiración.

A través de una actuación profesional y política que le había granjeado la simpatía, el respeto y la consideración toda la población de Santa Cruz el Dr. Paradelo fue el candidato indiscutible para encabezar la fórmula gubernamental con la que la UCRI se presentó al primer comicio de esa índole que se realizaba en el, hasta ese entonces, Territorio Nacional.

Consagrado para la primera Magistratura Santacruceña, se dedicó de lleno a la tarea de construir toda la organización institucional de la Provincia, buscando el asesoramiento y la colaboración en todos los ámbitos y sectores, sin distinción de signos políticos y sociales, que pudieran dar un aporte a la tarea emprendida.

Sin perjuicio de la organización institucional que demandaba la preparación de los múltiples recaudos legislativos, traducidos en las leyes orgánicas, las normativas y las consecuentes reglamentaciones, se dedicó con la vehemencia que le era característica a la labor constructiva. Están, como signo indeleble de su afán, las obras realizadas en muy breves plazos, en cuanto a educación, salud pública, obras sanitarias, electrificación, vivienda, vialidad y demás aspectos que hacían a la vida comunitaria y a la satisfacción de todas las necesidades colectivas.

Se ocupó muy particularmente de la organización de un Consejo Agrario, mediante el cual se entregó a los poseedores, la propiedad de bienes raíces de distinta magnitud y que sólo estaban en concesión precaria concedida por las autoridades nacionales.

Fueron dotados de edificios propios la Legislatura, los Tribunales y reparticiones oficiales recién creadas, así fue como se construyeron cantidad de viviendas confortables para los funcionarios de los tres Poderes, gran parte de los cuales provenían de fuera de Río Gallegos o de la provincia.

Para el reclutamiento de profesionales, técnicos, expertos o conocedores de distintos temas, se establecieron remuneraciones altamente compensatorias, que beneficiaban también a los naturales, las que superaban las vigentes en ese entonces en el orden nacional o de otras provincias.

El sistema impositivo creado, no resentía la economía local, puesto que los ingresos del fisco estaban debidamente reforzados con las regalías petroleras y carboníferas que con su característica energía y su cabal discernimiento reclamó de las autoridades nacionales, apoyado por gobernantes de otras provincias que se beneficiaban también con ese accionar.

En los ámbitos oficiales metropolitanos, dentro de los que se presentaba con frecuencia, con todo el resguardo de la dignidad de la alta jerarquía que ostentaba sin doblegarse en ningún momento a las pretensiones injustificadas de una ensoberbecida burocracia.

Sin embargo era la persona más humilde y sencilla con la gente del pueblo y la de buena fe. Aquí cabe hacer referencia un hecho anecdótico que presencié: en cierta oportunidad le anunciaron que había llegado una anciana de escasos recursos y precaria salud a solicitar una audiencia. Inmediatamente y para evitarle el esfuerzo de subir la escalera que daba acceso a su despacho, bajó a la planta baja para atenderla y escuchó su pedido de ayuda, pues se aproximaba el invierno y su precaria vivienda no tenía suficiente resguardo por las grietas que presentaba y carencia de alguna abertura. Allí nomás y con la decisión que le era habitual, la hizo subir al auto oficial que estaba en la puerta, me invitó a acompañarlo y tomando personalmente el volante, se dirigió a los talleres para buscar al jefe de carpintería, Sr. Noé, al que profesaba amistad y con quien contaba como dispuesto colaborador. Llegados al lugar de la vivienda observaron la situación, tomaron medidas y ahí nomás dispuso la ejecución de las refacciones que se realizó en pocos días, dejando en condiciones adecuadas. Actitudes como esta, que yo presencié, no llevaba ningún contenido demagógico ni proselitista, puesto que la persona favorecida, de origen chileno, no militaba en política y ni siquiera votaba. Por otra parte nunca daba publicidad a estos gestos ya sea por ejercicio de sus atribuciones o por actitud personal él no obstante y por natural consecuencia del agradecimiento de los alcanzados trascendían en esos humildes medios.

Recorría constantemente y sin propaganda previa ni alharacas las obras que estaban en ejecución, con lo que el ritmo se veía actuado y vigorizado por esa presencia, con lo que los trabajos se cumplían en plazos inusitadamente breves.

No paraba ni se daba descanso y estimulaba de ese modo en cada sector a quienes secundaban sus múltiples y disímiles actividades.

Cuantos medios lícitos se le ocurrían eran utilizados para alcanzar un objetivo de progreso y su afán de levantar en sentido espiritual, social, material y culturalmente la provincia no tenía límites.

Dentro de los recursos de que lo dotaban las previsiones financieras dotaba de subsidios a las instituciones religiosas, con fines especialmente educativos a todas las escuelas fiscales para el suministro de la “copa de leche” instituida por ley; a las entidades deportivas para su mayor desarrollo; a todas las manifestaciones del arte, ya sea con exteriorización intelectual, pictórico, musical o de cualquier otra índole; a los encuentros, convenciones y de profundización científica, especialmente de especialidades médicas; asignación de becas para alumnos que, radicados en la provincia, sin contar con medios suficientes aspiraban a estudios universitarios o de alto nivel, que luego habrían de volcarlo en beneficio de Santa Cruz.

Al gobernador Paradelo se debe la creación del escudo propio de la provincia con todas las formalidades del caso.

Estos enunciados, surgidos solamente de una memoración restrospectiva no alcanzan a cubrir todos los aspectos de la gestión gubernativa de la gestión del Dr. Paradelo, eminente estadista y modesto ciudadano.

Y, justamente su obra superlativa, paralelamente hacía surgir el resentimiento de la mayoría de la dirigencia política de su propio sector y, lógicamente, de los que militaban en la oposición, por el prestigio personal que iban adquiriendo sus excepcionales cualidades.

Surge entonces, como una maniobra política deleznable, de los dirigentes con representación legislativa, la paralización de una obra en la que los créditos políticos por lógica gravitación, correspondía a quien los había adquirido. A tal efecto, se entabla juicio político al vicegobernador, Sr. Madroñal, a quien con o sin razón se separaba de su cargo, como medio para abrir camino a la usurpación que se pretendía.

Cumplida esa primera etapa del plan espurio, se promueve el juicio político al Gobernador Paradelo en la Legislatura. Se formulan para ello treinta y tres cargos atribuidos al incumplimiento de sus funciones, al que luego se agregan más de setenta. Es decir que se tomaron no menos de cien temas como elementos de incumplimiento de deberes. En mi condición de Secretario Interino de la Gobernación el titular del poder ejecutivo me encomendó la investigación de los cargos formulados para, sobre esa base, contestarlos en el escrito de defensa que debía efectuarse.

No me fue difícil efectuar un examen exhaustivo de todos y cada uno de los casos, todos ellos tomados evidentemente al azar, sin examen previo para justificar una demanda injustificable.

Como se documenta circunstanciadamente en el escrito en el que el Gobernador Paradelo los contesta, no hay uno solo de ellos en que pueda imputarse falta alguna, lo que demuestra la falacia de la argumentación esgrimida.

Haciendo de lado y con oídos sordos a todo cuanto no estuviera en el contexto de la conjura en la que se confabulaban casi todos los integrantes de la cámara legislativa (con una o dos excepciones honrosas) algunos miembros del poder judicial y funcionarios de la administración provincial, que debían sus cargos al gobernador, se daba curso al juicio político y se suspende en las funciones al titular del poder ejecutivo, sin considerar la defensa interpuesta ni admitir otra clase de argumentos legales.

En tal instancia el Gobernador Paradelo se niega a hacer entrega del mando por considerar arbitraria e inconstitucional la medida y así lo hace saber.

Recurrido el caso por el sector legislativo a las esferas nacionales, desde Buenos Aires se sugiere al gobernador titular que deponga su actitud justificadamente intransigente con la pretensión de ese sector y que los atributos del poder los transfiera a los jefes representantes de los tres sectores de las fuerzas armadas con asiento en Río Gallegos, sacrificando principios y posiciones legítimas en obsequio a otros intereses y miras que afectaban intereses de la nación.

Con la hidalguía inherente a su condición anímica y espiritual y en solidaridad con los compañeros de ruta que integraban el elenco gubernativo nacional, acepta aunque con íntimo dolor aquella proposición.

En una breve ceremonia cumplida en el salón principal de la casa de gobierno, el Dr. Paradelo transmite el mando gubernativo a los jefes de guarnición del ejército, armada y aeronáutica destacando en una breve alocución a qué obedecía este acto, pero destacando enfáticamente sus principios y la efectiva doctrina federalista que se afectaba. A la emoción popular que despertó con sus palabras fue de advertir al jefe militar oriundo de la propia provincia que encabezaba el grupo de los jefes de la milicia.

La un poco desordenada exposición que vengo haciendo sin método ni cronología, debe tener, sin duda alguna, muchas omisiones y faltas de precisión en razón, como antes he indicado que sólo dispongo de los hechos y circunstancias que me vienen a la memoria.

Así, por ejemplo, no he alcanzado a referirme a un encuentro provocado, promovido y organizado por el Dr. Paradelo, de los gobernadores argentinos-chilenos del Cono Sur de nuestro hemisferio y del que participaron los gobernadores de Chubut, Santa Cruz y Territorio Nacional de Tierra del Fuego Antártica e Islas del Atlántico Sur y los de las provincias de Aysén y Magallanes de la República de Chile. Se llevó a cabo en la localidad de Perito Moreno, Provincia de Santa Cruz y un acto de confraternidad cumplió en el pueblo de Chile Chico, provincia de Aysén que está inmediato a la frontera argentina y se sitúa sobre la rivera del Lago Buenos Aires que baña costas de los dos países hermanos.

Con técnicos y asesores de los mandatarios presentes, se estudiaron y profundizaron temas de interés común para las provincias patagónicas de los dos países, destinados a complementar y desarrollar el progreso y la economía regionales.

Me ha quedado para el final uno de los más trascendentes cometidos en que estaba empeñado el Gobernador Paradelo. La radicación de un complejo petroquímico en la Provincia de Santa Cruz, en que el elemento primordial, el gas, fluye en proporciones portentosas dentro de su territorio y que en elevada proporción se ventea, por falta de aplicación inmediata.

Con su desbordante dinamismo y sentido práctico logró contacto con los representantes de una de las compañías petroleras de los Estados Unidos, la Texas Butadiene Corporate que luego de algunas conversaciones preliminares destacó una comisión de directivos y asesores jurídicos y técnicos encabezados por el propio vicepresidente de la compañía Mr. Cabot al que asistía, junto con otros asesores Mr. Henry Holland, uno de los más eminentes jurisconsultos de la Unión en ese momento y a quién secundaba como abogado en Buenos Aires el Dr. Eduardo Busso, destacado civilista del derecho argentino, que además presidió la Academia Nacional de Derecho y ocupó otras funciones de elevada jerarquía.

Iniciadas las tratativas en Buenos Aires para redactar una carta de intención que luego serviría de base al contrato que debía aprobar la Legislatura luego a fin de formalizar la instalación de esa industria tan importante para el país, el Dr. Paradelo me llevó a la Capital Federal para que lo acompañase y así fue como tuve el honor de participar activamente en todas las tratativas, sobre todo cuando imperiosas circunstancias del momento lo obligaron a regresar a Río Gallegos, dejándome a cargo de las negociaciones.

El lugar elegido de común acuerdo para la erección de la planta petroquímica fue la ciudad de Puerto Deseado, cuyo emplazamiento proponía ventajosas condiciones para el acceso marítimo sobre el Océano Atlántico, la captación del gas en Pico Truncado y al aprovechamiento del agua en el Río Deseado aunque con tuberías desde aguas arriba, para evitar el salobre en las proximidades de la desembocadura.

Mientras continuaba la tramitación formal del convenio los Yanquis, con su característica acometividad empresaria enviaron en vuelos especiales comisiones de ingenieros y técnicos de distinta especie para que, sobre el terreno efectuaran los estudios necesarios e iniciaran los proyectos sobre los que se concretarían los trabajos en su momento, los que abarcaban toda clase de especialidades.

Cuando, ya firmada la carta de intención, se habían concertado los términos del contrato y estaba a punto de ultimarse el caso, se produce la acometida legislativa contra el gobernador y su ilegítimo pronunciamiento del juicio político que alejaría del cargo al Dr. Paradelo. La Texas analiza el caso desde su punto de vista y no estando todavía comprometidos por actas formales y definitivas debe haber asumido que un Estado en el que se dejaban de lado sustanciales derechos y garantías constitucionales prevaleciendo una eventual maniobra política podía desproteger en un momento dado sus propios intereses y no le convenía continuar adelante con el proyecto. En consecuencia y sacrificando los casi cinco millones de dólares gastados hasta ese momento, retira todo su personal y desiste de la radicación propuesta. Si bien al año siguiente un fallo judicial del Tribunal integrado con conjueces por recusación de los titulares que convalidaron el supuesto juicio político contra Paradelo, declaró la inconstitucionalidad de la destitución y lo mandó reintegrarse a sus funciones, el daño ya estaba hecho y la provincia perdió una extraordinaria posibilidad de crecimiento y el país retrasó en varios años la expansión industrial de esa área tan valiosa.

El Dr. Paradelo que con tanta dignidad había sobrellevado las contingencias y los agravios que se le inflingieron hasta llegar a un absurdo encarcelamiento, el mismo día en que reasume por mandato judicial la titularidad del poder ejecutivo, presenta su renuncia la cargo de Gobernador de la Provincia y delega el mando en su sustituto constitucional. En el documento histórico en el que resigna su elevada función destaca el fundamento jurídico que lo llevó a oponerse con toda energía al fallo legislativo, en bien de Santa Cruz y ni por intereses ni por ambiciones subalternas y que el corto lapso que restaba para la terminación de su mandato no le permitiría reanudar la obra de gobierno que estaba desarrollando en beneficio de la provincia a la que tan afectivamente estaba ligado.

Cabe acotar por el conocimiento adquirido a través de la entrañable relación personal que llegó a ligarnos, que la gestión por él cumplida al frente del gobierno provocó una reducción de lo muy limitado que poseía y debió dedicarse de lleno al ejercicio de su profesión para proveer a su subsistencia.

Desde luego, quedan sueltos muchos cabos que otros podrán atar con mayor enjundia y base documental, pero que esto sirva como homenaje a un amigo leal y de un temple poco frecuentada en esta época.

Paraná, 9 de mayo de 1987.-

Raúl Gerardo Brugo

Bavio 235 – Paraná – Entre Ríos

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